Siempre uno vuelve; se reencuentra con un lugar, sabores, y pensamientos.

Y discusiones guardadas. Pero, qué se le va a hacer, ces la vie.

Yo necesito mar para mover mis brazos y desempolvar castillos imaginarios. Quizás así baje de peso también con tanto viento soplándome en los oídos.

Hay un diálogo permanente eso si, como palabras que se trastabillan en la cabeza. Deben ser los atardeceres digo yo.

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