El cine me fascina. Pucha que me gusta.

Pocas veces fui al cine de Los Andes. Casi no me acuerdo, creo que vi ahí Blade Runner o Cocoon, y me contó un amigo que tocaban parece Mambo Number Five al bajar el dimer de las luces laterales.

Pero iba a otro cine en la playa. Ahí vi Grease, Rocky, y hasta Tiburón. Era un cine rasca, de verano en San Sebastían en la séptima poniente. El ticket era como de rifa, con un número de tintura verde.

Ahí se cortaba la cinta y todos pifeaban y se daban el gusto en la oscuridad cómplice. Debo confesar que la masa me llevó a sacarle hasta la abuela al señor de las cintas negras que seguro las pegaba con scotch.

Pasé por ese cine que con el tiempo quedó en templo. Hoy es nada, pero se me vinieron tantos recuerdos.

Me creerían que me creía Travolta a los 11 años. Hasta me puse gomina.

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