Por @rodrigosolo

Cuando viajo, me relaciono en comidas.
Apago el celu y pongo atención en lo que habla quien tengo al frente.
Es rico comer, qué duda cabe, desde una nogada en las Piedras del Molino a un lomito a la rápida en La Primavera.
En USA una vez, cuando chico, me comí un sanguche de tallarines inolvidable en un tren Amtrak(piensen que estoy loco pero eran tallarines con carne); en Paris me comí una Macdonald de pelos (era un hambre voraz); en Atenas un pollo salteado dulce; en Antofagasta unos sushi de múltiples colores(los de esta foto).

Yo no había comido sushi. No salía del bistoco con arroz. Interesante la variedad.

Que rico es comer ovíporamente, lento y pausado eso sí, con el slogan chao jefe en la punta de la lengua y los meseros comienzando a mover las mesas a las 4 de la tarde.

Comíamos los domingos cazuela de carne con mis papas. Se me ocurrió irme de la casa a los 18.
Fui un tarado; nunca más comí una cazuela con médula como ésa.

Mastica la idea ahora; que vas a almorzar hoy o que vas a cenar? Disfruta el proceso dice Pilar Sordo; como la vida misma, come lento y palabrea cada sorbo de bebida o vino, agrégale una anécdota sabrosa a la ensalada; y eso será una gran comida.
Me confieso: quiero ser un comilón.

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