Creo que he ganado mi primer concurso.
Era de anécdotas de mi pueblo. Algunos criticaron mi primer lugar porque el cuento no era cuento sino anécdota. Pero era un concurso de cuentos en base a anécdotas.

Freak. Tuve que bloquear a mi mamá del celu. Me retó por escribir de su inmaculada mami.

Bueno, tan malo no debe haber quedado el cuento.

Pd: adjunto el cuento. Llegué 20 minutos antes y el alcalde 50 minutos después de la convocatoria.

Pd2: ahí va la anécdota en un concurso de anécdotas.
PICHINA
 La señora Pichina tenía lo suyo: alcurnia, status, pachorra, actitud, todas esas palabras juntas. Pero era un poco avara. Cuando invitaba a comer daba un trozo que no superase los cien gramos de carne, y sin repeticiones. Desde su teléfono negro, de esos con una mica perforada en diez números que le permitiría discar al almacén: le anotaban huevos, lechugas, pan, bebidas Nobis, a pagarse el día que…ella quisiese.

 Su casa quedaba frente a la plaza, donde se ponían las victorias en los bebederos y ella les gritaba de su balcón:

 -¡Sáqueme esos caballos hediondos, que llamo a los pacos!

 Era de escándalos, sí, y tenía una suerte de cortesanas integradas por la Tuca Torres, María Otárola, y tantas otras damas de la Cruz Roja. Su servicio estaba integrado por Isaías y Bruno, dicen que la primera pareja gay de Los Andes. Tenía ella esos bemoles; le importaba un rábano el qué dirán.

 Pero era chúchara. 

 Eso sí, pobre del que se cruzase en su camino, seguro con algún garabato terminaba.

 Y dormía siesta, de cuatro a seis, siendo despertada por las campanas de la parroquia Santa Rosa. Ese día le interrumpieron la siesta. Era época de campaña a diputados, cuando la región de aconcagua abarcaba hasta Petorca. Varios, en vano, habían ido a golpear su puerta en busca de su apoyo, sabiendo que, al contar con ello ya tenían casi la elección ganada. La socialité oía a la señora cuando daba el apoyo.

 Godoy Matte tenía su acto proclamatorio a dos propiedades de la suya, en la entrada del Banco Del Trabajo. Y hablaba y hablaba moviendo las manos y siendo su voz amplificada por bocinas para ser oído por la gente que abarrotaba gran parte inclusive de la plaza, además de la calle O´higgins.

 Ella abrió su ventana, y a los quince minutos le comenzó a hacer señas al candidato, movía los brazos pidiendo la palabra. Uno de los asesores la vio de lejos y pensó que esta iba a ser la oportunidad para contar con el apoyo de la señora Pichina en público, se lo hizo saber en un papel al candidato.

 -Y me cuentan que hay una ilustre ciudadana que nos pide la palabra, diga no más amiga mía.

 -Oye Godoy, ¡podrías quedarte callado de una vez, huevón, me fregaste la siestecita! 

 Y cerró su mampara y ventana. 

 Ni se despidió.

 Así era ella, de alcurnia.
        

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