Dime

Vendían en esta calle un pastel de milojas sin h.
Lancé la talla al llevármelo.
-Sería más rico con h.
Estas ojas con sin h, fue la rápida respuesta del dependiente.
El manjar era dulce de leche; las ojas ni se sentían en el paladar.
Ojas nueva; milojas en la bahía.

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El mar de noche y de día

Aquí hay calor y agua. Ayer salió una morena de esas Hawantropic. Eramos un coro de animales en celo. Mar turquesa, un viento tibiecito.
Pasé por una casa roja y me vino el recuerdo; yo estuve aquí hace 12 años atrás.
Comí en restaurante con un puré exquisito.
El sol abraza…no se si es correcto el concepto con s o z. El sol es más redondo.
Y pienso en medio de ostiones. No todos los días pienso que cumpliré 42.

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Juanes

Suena este colombiano que tenía el pelo largo y hoy lo tiene corto, que se puso a llorar con Bosé en Cuba cuando casi no los dejan cantar por la paz.
8.39 y veo monitos con Arturo metiendome el dedo en la oreja. No sé porque ando down; debe ser por esa estúpida obsesión quizás de ser 1 y saber que nadie sabe de mis novelas y mi radio.
Juanes toquetea en el primer piso su balada, me comí un trozo de queso. Bueno; eso lo hace perfecto.

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Tracatraca

Así suena la lavadora en un día domingo de aseo general. No se si es un delanto a un maldito temblor pronosticado o qué, pero el tracatraca es elritmo de la mañana.
No retomo Cafeamargo.com una novela en que me enamoro de una senadora rubia que vi en un pasillo del Alto Las Condes y que invité osadamente al hotel Ibis de Antofagasta; todo por ciertoen mi mundo paralelo imaginario y que da rebotes en mi mente.
No sé si las rubias son más apasionadas que las morenas, creo que es rubia la senadora, pero me perdí en libracos que me traje de Buenos Aires y no escribo nada. Absorbo: como una esponja.

Footloose Baires

Vine a comprar libros, los pies bombean. Por 15 pesos compré a Jorge Edwards y a Carlos Franz, a valor local 10 veces menos. También fui a Ateneo, por mirar los pintados en la cúpula y por tocar muchas tapas.

Sigo pensando que debo escribir más, refocalizar mi energía. Placer culpable de traer metro y medio de libros con John Irving, Jorge Amado, y el escritor adolescente que se autodenomina Umberto Eco.

Hubo lluvia, unos granizos de camotes, un vendedor ambulante que casi me saca de quicio en un cruce peatonal porque no le quise comprar guantes rosados.

Me topé hasta con la Marengo.

Las callecitas tenían un nosequé.

Tengo por delante una ruma de libros junto a mi cama, a zambullirse en paz conque la modelo argentina no se me cruce en la imaginería.

Flaca ella, como ando con ganas de un tercer hijo podría haberme mirado más: tendríamos así un rubio trasandino.

Pero me quedo con los libros, el olor de una librería de madera perpendicular a Lavalle donde pregunté por millonésima vez por Todos Los Hombres Son Mortales de Simone de Beavoir. También me quedo con La Boca porque estaba despejada y vacía. Y la carne, Capataz y ese restorancito donde se me acabó la tarjeta.

Tkm, en la 103.7 iluminaba una librería de viejos en Corrientes. Sonaba Footloose, y cayó a mis manos Vueltas Al Tiempo, la biografía de Artur MIller, ex de Marylin.

Como una balada rápida: footloose en Baires, comiendo dulce de leche, rosquillas, lluvia, humedad, sol, Corrientes, Lavalle, en búsqueda de libros a un décimo de su valor con ganas de aprender a cultivar más mi ocio y vagabundeo de hojas amarillas de segunda o tercera mano.

Quiero escribir un gran texto: parto leyendo.