Teoría de Huevoduro

Mis padres —que se dijeron goodbye hace tres décadas— andan en una tesis común: nos vamos a morir. (Me llaman diariamente para reiterarme aquello.)

Hay una suerte de incertidumbre en el aire.

Un acabose de mundo, un cisma, un antes y un después. Algunos dicen que nos vamos al carajo, también, como esa novela de Vargas Llosa en que en su página 1 pregunta: ¿cuándo el Perú se fue al carajo?.

¿Nos fuimos al carajo, realmente?

Probablemente hay un cambio latente, sabemos que las cosas variarán un poco. No seremos nunca Estados Unidos, ni tampoco Francia, ni un país centroamericano. Seremos algo gris, una cosa intermedia. Un cumsí cumsá. Buena gente, así como Huevoduro. ¿Morirá la propiedad privada, ya no llegarán autos bacanes ni tablets new generation?

Estamos en un país raro, a veces freak, que va de un péndulo cada ciertos años de un lado a otro, donde sin querer a veces luchamos porque nos den libertades y otras pedimos al Estado que nos guíe, pautee y proteja.

Somos así, no hay país con más chilenos que Chile, y no sé si eso es buena o mala suerte. Es, no más.

El quid del asunto es: ¿qué hacemos?, ¿subiremos —ahora sí— al primer mundo o nos fuimos a los potreros?

La respuesta es super simple —por si le damos vueltas— y la llamaremos LA TEORIA DE HUEVODURO: todo seguirá su curso normal, a la chilena, por cierto. Anticapitalista, pero con un Iphone en la mano; liberal, pero esperando los subsidios estatales; revolucionaria, pero sin leer a Marx; y momios, pero sin saber si Smith era una banda de rock o un pensador libremercadista.

Considerando la tesis de mis viejos de la fatalidad pura, de ese paso cierto en momento incierto, yo creo que no estamos tan mal ni super well. Vivimos en HuevitoStyle. Estamos, a la chilena, odiándonos a veces y otras amándonos. Sacándonos la madre cuando estamos con bronca y hasta agradeciendo a Dios cuando las cosas funcionan (aunque seamos, aparentemente, agnósticos). Hoy, al menos, no moriremos.

Así que usted, como le digo a mis papis, tranquilito, calma y tiza, todo a su debido tiempo, siempre sale el sol.

Y el sol chileno es único…por si las moscas.

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